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La base de la enseñanza de
Bahá'u'lláh es la Unidad de la Humanidad, y su mayor deseo fue que el amor y la buena
voluntad habitaran en el corazón de los seres humanos.
Así como Él exhortó al mundo para
terminar con las luchas y discordias, así deseo yo explicaros la razón principal de la
perturbación entre las naciones. La principal causa es la desfiguración de la religión
por parte de sus líderes y maestros. Ellos enseñan a sus seguidores a creer que su
propio modelo de religión es el único que agrada a Dios, y que los adeptos de cualquier
otra creencia están condenados por el Amantísimo Padre y privados de su Gracia y
Misericordia. De ahí que surjan entre los pueblos la censura, el desprecio, las disputas
y el odio. Si estos prejuicios religiosos pudieran eliminarse completamente, las naciones
disfrutarían muy pronto de paz y concordia.
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En la actualidad, existen millones de
personas que todavía adoran ídolos, y las grandes religiones del mundo están en guerra
entre ellas. Durante mil trescientos años los cristianos y musulmanes han estado en
pugna, cuando con un mínimo esfuerzo podrían haber superado sus diferencias y disputas,
y la paz y la armonía reinarían entre ellos, y el mundo estaría tranquilo.
En el Qur'án leemos que Muhammad
habló a sus discípulos diciendo:
"¿Por qué no creéis en Cristo,
y en el Evangelio? ¿Por qué no aceptáis a Moisés y a los Profetas, ya que, con toda
seguridad, la Biblia es el Libro de Dios? En verdad, Moisés fue un Profeta sublime, y
Jesús estaba colmado con el Espíritu Santo. Vino al mundo por medio del Poder de Dios,
nació del Espíritu Santo y de la Santa Virgen María. María, su madre, era una santa
del Cielo. Pasaba los días en el templo orando, y recibía el sustento de lo alto. Su
padre, Zacarías, fue hacia ella preguntándole de dónde recibía el alimento, y María
le respondió: 'De lo alto.' Ciertamente, Dios exaltó a María por encima de todas las
demás mujeres".
Esto es lo que Muhammad enseñó a su
pueblo referente a Jesús y Moisés, reprochándoles su falta de fe en esos grandes
Maestros, y enseñándoles lecciones de verdad y de tolerancia. Muhammad fue enviado por
Dios para desempeñar su misión en un pueblo tan salvaje y carente de civilización como
las bestias. Estaban completamente faltos de entendimiento, y no poseían sentimientos de
amor, comprensión o piedad. Las mujeres se hallaban degradadas y eran tan despreciadas
que un hombre podía enterrar viva a su propia hija, y tener tantas esposas esclavas como
deseara.
Entre este pueblo semisalvaje, fue
enviado Muhammad con su Mensaje divino. Él enseñó a este pueblo que la adoración de
ídolos era una práctica errónea y que debían reverenciar a Cristo, a Moisés y a los
Profetas. Bajo su influencia se convirtió en un pueblo más ilustrado y civilizado,
elevándose del estado de degradación en que Él lo había encontrado. ¿No fue ésta una
buena obra, merecedora de toda alabanza, respeto y amor?
¡Observad el Evangelio del Señor
Jesucristo, y descubriréis cuán glorioso es! No obstante, aún hoy, muchas personas
fracasan en comprender su belleza sin igual, y malinterpretan sus palabras de sabiduría.
¡Cristo prohibió la guerra! Cuando el
discípulo Pedro, queriendo defender a su Señor, cortó la oreja de uno de los siervos
del Sumo Sacerdote, Cristo le dijo: "Envaina tu espada". Sin embargo, a pesar de
este mandamiento directo del Señor que ellos profesan servir, aún disputan, hacen la
guerra, y se matan uno a otro, y parece que Sus consejos y enseñanzas han sido olvidados.
Por tanto, no debéis atribuir a los
Maestros y Profetas las perversas acciones de sus seguidores. Si los sacerdotes, los
maestros y la gente conducen su vida por senderos contrarios a la religión que profesan,
¿es ello, acaso, por culpa de Cristo o de los demás Maestros?
Al pueblo del Islam se le enseñó a
comprender cómo Jesús vino de Dios y nació del Espíritu, y que debía ser glorificado
por todo el mundo. Moisés fue un Profeta de Dios, y reveló, en su día y para el pueblo
al que había sido enviado, el Libro de Dios.
Muhammad reconoció la sublime grandeza
de Cristo, y la grandiosidad de Moisés y los profetas. Si el mundo entero tan sólo
reconociera la grandeza de Muhammad y la de todos los Maestros que han descendido del
Cielo, los enfrentamientos y la discordia desaparecerían muy pronto de la faz de la
tierra, y el Reino de Dios sería establecido entre los seres humanos.
En el pueblo del Islam, quien glorifica
a Cristo no se siente humillado por hacerlo.
Cristo fue el Profeta de los
cristianos, Moisés el de los judíos. ¿Por qué los seguidores de cada profeta no
reconocen y honran también a los demás profetas? Si todos ellos tan sólo pudiesen
aprender la lección de mutua tolerancia, entendimiento y amor fraternal, la unidad del
mundo pronto sería un hecho consumado.
Bahá'u'lláh pasó su vida enseñando
esta lección de Amor y Unidad.
(La Sabiduría de Abdul-Bahá)
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