Los prejuicios religiosos             (www.bahainet.org)

               

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La base de la enseñanza de Bahá'u'lláh es la Unidad de la Humanidad, y su mayor deseo fue que el amor y la buena voluntad habitaran en el corazón de los seres humanos.

Así como Él exhortó al mundo para terminar con las luchas y discordias, así deseo yo explicaros la razón principal de la perturbación entre las naciones. La principal causa es la desfiguración de la religión por parte de sus líderes y maestros. Ellos enseñan a sus seguidores a creer que su propio modelo de religión es el único que agrada a Dios, y que los adeptos de cualquier otra creencia están condenados por el Amantísimo Padre y privados de su Gracia y Misericordia. De ahí que surjan entre los pueblos la censura, el desprecio, las disputas y el odio. Si estos prejuicios religiosos pudieran eliminarse completamente, las naciones disfrutarían muy pronto de paz y concordia.

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En la actualidad, existen millones de personas que todavía adoran ídolos, y las grandes religiones del mundo están en guerra entre ellas. Durante mil trescientos años los cristianos y musulmanes han estado en pugna, cuando con un mínimo esfuerzo podrían haber superado sus diferencias y disputas, y la paz y la armonía reinarían entre ellos, y el mundo estaría tranquilo.

En el Qur'án leemos que Muhammad habló a sus discípulos diciendo:

"¿Por qué no creéis en Cristo, y en el Evangelio? ¿Por qué no aceptáis a Moisés y a los Profetas, ya que, con toda seguridad, la Biblia es el Libro de Dios? En verdad, Moisés fue un Profeta sublime, y Jesús estaba colmado con el Espíritu Santo. Vino al mundo por medio del Poder de Dios, nació del Espíritu Santo y de la Santa Virgen María. María, su madre, era una santa del Cielo. Pasaba los días en el templo orando, y recibía el sustento de lo alto. Su padre, Zacarías, fue hacia ella preguntándole de dónde recibía el alimento, y María le respondió: 'De lo alto.' Ciertamente, Dios exaltó a María por encima de todas las demás mujeres".

 

Esto es lo que Muhammad enseñó a su pueblo referente a Jesús y Moisés, reprochándoles su falta de fe en esos grandes Maestros, y enseñándoles lecciones de verdad y de tolerancia. Muhammad fue enviado por Dios para desempeñar su misión en un pueblo tan salvaje y carente de civilización como las bestias. Estaban completamente faltos de entendimiento, y no poseían sentimientos de amor, comprensión o piedad. Las mujeres se hallaban degradadas y eran tan despreciadas que un hombre podía enterrar viva a su propia hija, y tener tantas esposas esclavas como deseara.

Entre este pueblo semisalvaje, fue enviado Muhammad con su Mensaje divino. Él enseñó a este pueblo que la adoración de ídolos era una práctica errónea y que debían reverenciar a Cristo, a Moisés y a los Profetas. Bajo su influencia se convirtió en un pueblo más ilustrado y civilizado, elevándose del estado de degradación en que Él lo había encontrado. ¿No fue ésta una buena obra, merecedora de toda alabanza, respeto y amor?

¡Observad el Evangelio del Señor Jesucristo, y descubriréis cuán glorioso es! No obstante, aún hoy, muchas personas fracasan en comprender su belleza sin igual, y malinterpretan sus palabras de sabiduría.

¡Cristo prohibió la guerra! Cuando el discípulo Pedro, queriendo defender a su Señor, cortó la oreja de uno de los siervos del Sumo Sacerdote, Cristo le dijo: "Envaina tu espada". Sin embargo, a pesar de este mandamiento directo del Señor que ellos profesan servir, aún disputan, hacen la guerra, y se matan uno a otro, y parece que Sus consejos y enseñanzas han sido olvidados.

Por tanto, no debéis atribuir a los Maestros y Profetas las perversas acciones de sus seguidores. Si los sacerdotes, los maestros y la gente conducen su vida por senderos contrarios a la religión que profesan, ¿es ello, acaso, por culpa de Cristo o de los demás Maestros?

Al pueblo del Islam se le enseñó a comprender cómo Jesús vino de Dios y nació del Espíritu, y que debía ser glorificado por todo el mundo. Moisés fue un Profeta de Dios, y reveló, en su día y para el pueblo al que había sido enviado, el Libro de Dios.

Muhammad reconoció la sublime grandeza de Cristo, y la grandiosidad de Moisés y los profetas. Si el mundo entero tan sólo reconociera la grandeza de Muhammad y la de todos los Maestros que han descendido del Cielo, los enfrentamientos y la discordia desaparecerían muy pronto de la faz de la tierra, y el Reino de Dios sería establecido entre los seres humanos.

En el pueblo del Islam, quien glorifica a Cristo no se siente humillado por hacerlo.

Cristo fue el Profeta de los cristianos, Moisés el de los judíos. ¿Por qué los seguidores de cada profeta no reconocen y honran también a los demás profetas? Si todos ellos tan sólo pudiesen aprender la lección de mutua tolerancia, entendimiento y amor fraternal, la unidad del mundo pronto sería un hecho consumado.

Bahá'u'lláh pasó su vida enseñando esta lección de Amor y Unidad.

 (La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá)

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